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sábado, 4 de julio de 2015

¿Cuál culpa?

Nadie es culpable, de la sutileza de la vida al separar almas, unidas antes de nacer.
Nadie es culpable, que las casualidades les unan el camino, pero no el destino.
Nadie es culpable...

Se vive y se disfruta cada instante, en lugares diferentes, con corazones al unísono, dos palpitaciones que sustentan dos vidas, a un solo latido. ¿Te has preguntado? ¿Te han cuestionado? ¡NADA!

Las huellas que deja el paso de la vida, como huellas dactilares indelebles, únicas e identificables, reemplazable, pero no dignas de ser empujadas al olvido; a eso me refiero, puedes vivir cada momento, que cada momento quede marcado en tu memoria, pero es tu decisión, seguir recordándolo o vivir nuevos momentos.

No estamos obligados, a recordar una violación, un robo, un trauma de la infancia, ¡NO!, pero tenemos la capacidad de hacerlo, y es toda la prisión a la que estamos condenados, la libertad, aunque parezca difícil, está en nuestra manos; nuestra libertad de elegir, nos hace libre, la incapacidad de hacerlo prisioneros.

Pasa con todo, los recuerdos, las acciones, los momentos, las oportunidades, la vida, nos ha limitado con la capacidad de razonar, de elegir, de creer y pensar; y esa es nuestra cárcel, esa, nuestra condena. 

martes, 27 de enero de 2015

Mi amiga, vale por dos.

Dancé tango, sumido en inconsciencia, acompañado de mi amiga.
Salte vallas, como jinete de un cobaya, de la mano a mi amiga.
Escalé el everest con escarpines tejidos, cargando a mi amiga.
Hice tanto con ella que ya es parte de mi vida.

Pero mi amiga, tenía su amiga...

El ocaso vislumbró un destello de luz, en el cristal oculto bajo los parpados ajenos, la tenue luz dejo entre ver un par de ellos, a la mitad de los cuencos, cual raudales de río, descendía, con suavidad, un camino, era sutil como la seda, pero terminaba simulando un acantilado; en caída libre se veían, estáticas las perlas, escondidas detrás de montañas definidas, con tanta sutileza que hasta las nubes sentían envidia... Recubierta de piel perlada, debajo de un velo de finos hilos de seda, se dejó entrever con su sutil mirada, su sonrisa encantadora y su nariz respingada. Todo esto en el ocaso, con el crepúsculo, en la comodidad del silencio y arropados por la penumbra... Se podía describir la sensación de ver aquél espectáculo bajo la sutil y difusa luz de la luna, salpicado por escarchados destellos de las estrellas. Duró la noche, duró la escena... 

El alba repentina, llenó de luz el bosque, cada esquina, cada rincón, las fogatas sucumbieron por el rocío mañanero, habían cumplido su función, brindar calor y ahuyentar animales salvajes de las adyacencias del lugar, sin saber, ni sospechar, que el peligro acechaba de una forma menos vulgar, más sutil, mas cordial.

La aurora matutina, dejo ver otros rasgos, otras facciones, bajo la misma piel, que la penumbra y la urgencia, contenida en la premura inducida por la fortuna, no reflejaba. El cristal era madera, el alcantilado, peligroso, las perlas eran papel, la seda eran algas arrastrada por la marea, la belleza solo era producto de la premura, y mi amiga, que su amiga no era más que ella misma alumbrada por buena luz, mi amiga ya no es mi amiga.

Aún conservo su rostro en la noche oscura, sabiendo que la luz del amanecer cambiará la percepción, pero mi amiga, que creí era una, son dos siendo una y una siendo dos, si aún desconocen su nombre, se preguntan quién es, por las noches ilusión y realidad al amanecer.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Comerte una Estrella.

La vida es muy corta para vivir sanamente...

Somos tan tontos, para esperar el mañana como si no hubiera hoy, somos tan tontos, para vivir cada día por vivirlo, somos tan tontos que creemos que la felicidad es un momento, ¿Hasta cuándo?

La vida es un minuto, la vida es un instante, aunque siempre estemos, no siempre decidimos vivir.

Cada mañana me levanto, preguntándome ¿Qué haré hoy para hacer mi día especial? Y aunque esto sea mentira, cada día tengo algo que contar.

Benditas las personas que siempre tienen que decir, benditas las personas que no callan, benditas las personas que no paran de reir, benditas las personas que disfrutan hasta las desgracias, esas personas son las que realmente viven.

De resto, el hermoso planeta llamado tierra es un cementerio en movimiento, con muertos vivientes como los de las películas de zombie, pero con menos por qué vivir.

Les podría contar cada día de mi vida, porque la verdad soy un ególatra por naturaleza, porque soy un narcisista por excelencia, como diría panda. Pero no, estoy muy ocupado viviendo como para andar relatando.

Vive despacio, come deprisa, duerme poco, sueña mucho y haz cada uno de ellos realidad, así sea comerte una estrella. Peace.