Buscar'

domingo, 10 de enero de 2016

Podría ser.

Podría subir a la luna a escribir tu nombre en su cara oculta, grabar mi rúbrica, debajo de un te amo. Podría ser, podría no ser.
Podría hacerlo en metal reluciente, en el lado visible y los destellos del sol iluminen la tierra con tu nombre y un te amo. Podría ser, podría no ser.

Podría ser pero no tengo alas, podría no ser, pero te amo.

Pueda ser que amando sea Ícaro, y vuele muy alto cerca del sol o muy bajo cerca del mar, que las plumas se desprendan por las llamaradas del astro padre derritiendo la cera que las une, o se mojen de agua salada limitando el aletear. Puede ser que amando sea Eros y me enamore de Psique, o pueda ser que sea Psique, y Eros me haga vagar por el mundo buscando su amor, dejando a Hedoné a su cuidado. 

Puede ser, puede no ser...

Puede ser que sean dunas moldeadas por el viento marino, puede ser que sean olas movidas por la brisa del mar, puede ser que sea algo impredecible, inperceptible, cambiante y demás, puede ser que seas tú a quién aprendí a amar. Puede no ser lo que esperaba ni ser lo que se hablaba, puede ser una promesa puede ser una falsa realidad,

viernes, 18 de septiembre de 2015

Conversación Casual

Caminando por las calles de una ciudad recóndita, mantenía una conversación, sostenida a lo largo de una vida, en tela de juicio tendido, estaba la opinión de un interlocutor anónimo, cuyas opiniones solo eran captadas por mi sutil sistema auditivo. Debatía, temas filosóficos, divagaba sobre la vida, cosas banales, temas intensos, y pensamientos que daban paso a más pensamientos. 

Al girar en un esquina, de forma desprevenida, no sabía a donde me dirigía, caminaba sin rumbo, sumergido en un vaivén de palabras, mi interlocutor y yo, discrepamos 100 de cada 10 opiniones compartidas, quien sabe donde fui a parar.

Mientras argumentaba, mi sangre bullía, mi pensamiento se condensaba en un estado de catalepsia inducida, estaba rígido, no solo yo, sino también mi interlocutor, que se enardecía, caminando a mi lado, a un mismo ritmo que el mío. 

En un sutil suspiro, dí por terminada la conversación, exhausto, cansado de tanta terquedad, preferí no hablar más, acepté que, no llevaría a ningún lado coherente esta conversación. En ese momento entendí, que hablar conmigo mismo, era fructífero, en el mismo nivel, que sin sentido; era nutritiva y enriquecedora, pero de igual forma, era sin motivo alguno, carente de sentido.

Fue entonces cuando entendí, que no había mejor interlocutor, que una versión de mi, menos coherente y más imprudente.

viernes, 7 de agosto de 2015

¡Que tristeza vivir!

Que triste eso de vivir solo por hacerlo, de vivir por una rutina, por  un día, por un quince y un último, por llenar el espacio-tiempo, vivir, por llegar a morir de viejo. Vivir, por no estar muerto. Que tristeza vivir, solo por estar de paso, sin motivo, sin descanso.  Duele preguntar y que no sepan responder, cuando indagas, acerca de por qué están bien, de por qué están vivos. Solía decir que nadie vive sin motivos, pero he coincidido en el campo de batalla, con peones, reyes y alfiles, que solo se mueven porque deben, por llegar al anochecer.

La vida sin motivo, es igual de vacía que la muerte, igual de sin sentido, que el sexo por placer, que bien que bonifica, pero poco satisface, tan lúgubre que mansión abandonada, tan sempiterno como la creatividad y la relatividad, tan rígida, tan vaga, tan mala.

No suelo ser experto, en casi ningún tema, mi costumbres me hacen ignorar, casi cualquier cosa, no por descuido, ni por desinterés, si no más bien, para no involucrarme demasiado, el norte fijo de la vida que he construido hasta hoy, no comulga con las buenas costumbres, ni los buenos deseos, ni mucho menos con las convenciones sociales, quizá, un detonante de la alienación de una versión de mi, que poco conozco, todo esto, para no afectar el destino que me he planeado, no digo, que tengo un punto fijo en el horizonte, que hace mover mis pies como bailarina de ballet, siguiendo la coreografía del cascanueces, no, al contrario, mi torso, poco flexible, baila al compás de una melodía rara, sin ritmo, mis extremidades superiores, ondean en el aire, sin relación alguna al movimiento de aquello que los une, lo que queda de mi cuerpo, intenta con sutileza y gracia, a penas caminar de frente, erguido, y así, voy disfrutando de paso, cada segundo, cada instante, es lo más cercano a un motivo de vida, que he podido alcanzar. 

Así, pues, he vivido los últimos años, danzando a mi propio ritmo, buscando mi felicidad y sin detenerme a pensar, si me veo bien, moviendo el cuerpo en perfecta imitación de cachorro saltarín, con pulgas en el regazo, ni girando hacia atrás a ver si alguien me está observando. Es mi motivo de vida, disfrutar al máximo, ser feliz sin depender de nada, y darle importancia a lo que realmente importa, ¿Quién soy? y ¿Hacía dónde voy?.

¿Y tú?, te has detenido a pensar, ¿Por qué vives hoy?.